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    Un viaje de más de 24 horas para nadie creo sea agradable, el cambio de aviones, la espera en los aeropuertos, solo en algunos casos cuando uno tiene algo de tiempo para visitar las ciudades en las que se hace escala, para hacer algunas compras y conocer algunos lugares de interés, es de las pocas razones que logran que la experiencia puede salirse del tedio normal de estas largas jornadas de viaje. Así inicio mi viaje hacia Australia, el país de los canguros el opera house y las hermosas playas, para mí era un destino en ese momento completamente desconocido y del que la referencia más importante, y en ultimas mi razón principal para interesarme en conocerlo, era la calidad de sus universidades y los precios razonables de la educación. Conocía mucha gente que había viajado y estudiado en otros países, sin embargo la mayoría se había inclinado por el antiguo continente, por lo que el viaje era un encuentro con lo desconocido. Siempre saltaba a mi mente los muchos documentales y artículos que había leído sobre animales extraños y peligrosos que habitaban este continente, lo cual para ser honesto era de mis principales preocupación. Imaginen un “bicho fóbico” como yo me autodenomino, en la tierra de los insectos y animales más peligrosos y venenosos del mundo; sin embargo, más podía mi interés por perfeccionar el inglés y estudiar en una universidad  a la medida de mis expectativas. Lo más complicado era pasar de la aduana de mi país  con una cantidad de sentimientos encontrados, donde estaba la felicidad de conocer un lugar nuevo y vivir una experiencia enriquecedora, mezclado con la tristeza de dejar atrás a familia, amigos y novia, los cuales sabia no vería en un par de años mientras adelantaba mis estudios. Además, me encontraba por primera vez viajando solo fuera del país y en últimas era un encuentro conmigo mismo. Era el inicio de la larga jornada que me llevaría al otro lado del mundo, viajando hacia Buenos Aires, donde pasaría el día, antes de abordar un vuelo hacia Auckland, Nueva Zelanda, donde el avión haría una escala para  llevarme hacia Sydney, Australia.

    Mi primera imagen de Australia y el darme cuenta que era una realidad que estaba en este país fue ver el Opera House desde la ventanilla del avión, en ese momento me sorprendí al darme cuenta que no era ni tan lejano, ni tan extraño como tenía la expectativa que podría ser. Al contrario, era encontrarme con aquel bello símbolo de grandeza, que nos muestra como los humanos podemos lograr que todas las cosas bellas que está en nuestra mente, por imposible que parezcan para muchos, cuando nos concentramos y trabajamos por ellas se convierten en una realidad.

    Al aterrizar el avión me encontraba con que debía tomar un vuelo nacional hacia Melbourne, ciudad que había elegido para adelantar mis estudios por lo que debía cambiar de aeropuerto, y de entrada debía buscar cómo hacerlo con el inglés básico que había aprendido en el colegio, cursos de idiomas, música y películas. Aunque, este conocimiento era de gran ayuda no era la solución al problema de comunicación,  ya que cambian los acentos, la velocidad a la que las personas hablan, y en últimas el mayor impedimento es la falta de seguridad que el no tener un verdadero conocimiento de esta lengua, se convierte en una limitante para hablar con otras personas. Lo que no me esperaba era encontrarme desde el aeropuerto con gente Australiana amable, dispuesta a ayudar a los turistas, y que en últimas entiende que los visitantes internacionales generan riqueza económica y cultural a su país. Fue muy fácil cambiar de aeropuerto y llegar a Melbourne,  ya que es un país preparado para recibir a los visitantes, por lo que la señalización e información es bastante clara. En el aeropuerto me esperaba un amigable australiano acostumbrado a recibir estudiantes del todo el mundo, así que con la paciencia que caracteriza a la buena gente de este país, espero mientras cambiaba algunos dólares y me llevo hasta el lugar donde me alojaría durante las primeras semanas.

    Como me recomendaron en mi país debía preguntar si había algún lugar peligroso o zona que no era recomendable visitar, pregunta a la cual la gente siempre sonreía y con toda tranquilidad respondía “no worries Australia is safe” es decir no te preocupes Australia es segura, algo que no era del todo fácil de entender en ese momento, ya que desafortunadamente venia de un lugar en el cual se debe  siempre caminar alerta para evitar que sus pertenencias pasen a manos de otra persona. Lo que desafortunadamente es una situación frecuente en ciudades de todos los continentes, a excepción de este.

    Entre más conocía Australia, más me gustaba, era un placer caminar por sus calles limpias y organizadas, donde la gente respeta las normas, ya que son conscientes que están diseñadas para hacer más fácil la convivencia en sociedad. Disfrutar de como la arquitectura clásica con influencia europea, contrasta y se mezcla con el modernismo de edificios impresionantes, entre los cuales se destaca el “Eureka”, edificio residencial más alto del mundo. El encontrarse como en un babel moderno donde confluyen gente, idiomas y culturas  de todo el mundo, y se comparte con tolerancia y apertura a prender de toda esta diversidad. Donde en cada esquina se encuentran restaurantes, con cocinas de diferentes lugares del mundo. Adicionemos la posibilidad de asistir a múltiples eventos deportivos, culturales y conciertos de talla mundial como el Australian Open de tenis, la Formula 1, GP racer, Melbourne Cup, festivales culturales, conciertos de todo tipo de música, desde electrónica hasta rock, y muchos de ellos si no son gratis son realmente económicos, inclusive con boletería con precios muy por debajo que en países latinoamericanos. La cultura esta al acceso de todos ya que en ultimas eso genera crecimiento en una sociedad.

    El primer día de clases quede aún más sorprendido. La universidad que había elegido para adelantar mis estudios de idiomas era realmente impresionante, un campus rodeado de verde, con todas las instalaciones necesarias para aprender un idioma, y eso que este campus era solo para este tipo de programas, sin embargo sus instalaciones tenían desde una biblioteca enorme, hasta cinema, pasando  por laboratorios, auditorios, salas de computadores, gimnasio, etc. Dentro del programa de Idiomas tenía muchos niveles para elegir, ingles de negocios, preparación de exámenes como IELTS, preparación para la universidad, etc.

    Venia otro tema que era de vital importancia para mí, y de hecho para muchos estudiantes, conseguir trabajo, ya que quería ahorrar algo de dinero y si quería prolongar mi estadía en este país la idea era generar los recursos para poder hacerlo. No fue difícil encontrar mi primer trabajo, de hecho el me encontró a mí, no pasaron más de dos semanas antes que otro estudiante me invitara a acompañarlo a una convocatoria para trabajar. No estaba muy seguro de querer iniciar esta etapa tan rápido, ya que quería aprovechar para conocer un poco más  la ciudad antes de iniciar esta etapa; sin embargo la persona que me invito me dijo algo que me hizo cambiar de opinión fácilmente, “aproveche nosotros llevamos ya más de un mes buscando algo”, eso fue suficiente razón para no dudar el ir a la entrevista y tomar el trabajo dentro de un supermercado. Veía que la mayoría de estudiantes principalmente latinos trabajaban en lo mismo, limpiando, como meseros o en trabajo no calificados. Sin embargo, como mi prioridad era aprender inglés, evite al máximo el contacto con personas que hablaran español y me hice amigos de un grupo de personas de múltiples nacionalidades que siempre hablaban inglés. Ahora me doy cuenta que fue la decisión más sabia, este hecho acelero mucho mi proceso de aprendizaje, además de permitirme aprender de muchos países, culturas, en ultimas mundos y formas de ver la vida. Algo que era muy diferente en mi grupo de amigos es que ninguno aplicaba a trabajos no calificados, algunos se preparaban para hacer prácticas profesionales, otros aplicaban para trabajos que me parecían más interesantes y enriquecedores, ya fuera en el área comercial, en trabajos que requerían capacitación, como barista (especialista en preparación de café), etc. Al darme cuenta de esto entendí que yo también podía hacerlo y animado por ellos, tome un curso de barista que no me costó más de 200 AUD y me permitió iniciar una carrera hacia una estadía mucho mejor en este país. Veía como muchos de los latinos que conocía se quejaban todo el tiempo por los trabajo denigrantes y las largas jornadas, pero en ultimas era una decisión propia, ya que por más que les mostraba como con un curso yo generaba ingresos más altos, practicaba el inglés y hacia amigos de todo el mundo, ellos continuaban con sus quejas pero sin hacer mucho por cambiar su situación. Una vez más cada quien se imponía  limitaciones y no aprovechaba la cantidad de opciones que un país como Australia ofrece.

    Posteriormente ingresando a la universidad, las cosas siguieron mejorando. Me encontré trabajando en el área que estudiaba, luego de pasar mi CV en diferentes lugares, y golpear algunas puertas. Alguien me dijo que pasara una propuesta de lo que podía hacer dentro de una empresa, hacerlo no fue difícil, mas con lo que estaba aprendiendo en la universidad, no tomo más de una tarde, esta propuesta me abrió las puertas para asegurar una mejora calidad de vida, tener una experiencia laboral y generar mejores ingresos, además me abría las puertas para encontrarme con la realidad de mi profesión. Esto sumado a clases enfocadas a la práctica, en la que los libros ya no eran el protagonista, sino lo era la experiencia de los que más que profesores pasaban a ser modelos, ya que en la mayoría de ellos sino todos, eran profesionales con vasta experiencia y exitosos en su profesión; era enriquecedor como desde su experiencia nos mostraban como la teoría era aplicada exitosamente o no, por qué había funcionado o que debía haberse hecho para que funcionara. Ahora los trabajos no se basaban en repetir ideas de otros, sino desarrollar las propias alrededor del conocimiento obtenido. El campus abría sus puertas para que los estudiantes complementáramos las clases con actividades deportivas, culturales y sociales. Lo mejor de todo es que había logrado la homologación de los estudios que previamente había realizado en mi país, entonces terminar mi carrera en una excelente universidad, en la que me sentía feliz y motivado, era cosa de solo un par de semestres.

    Al finalizar mis estudios ya tenía un cargo alto en la empresa que trabajaba gracias a los méritos de mi esfuerzo, y en tan solo un año y medio. Esta situación era bastante contrastante al encontrarme por internet con las mismas personas que había dejado un tiempo atrás a miles de kilómetros de distancia, y para las cuales la vida seguía igual, la universidad aún era aburrida para los que estudiaban y para los que estaban finalizado sus estudios estaban estancados porque no conseguían trabajo. No quiero que parezca que estoy hablando mal de donde provengo, al contrario es un hermoso país y lleno de posibilidades, el problema es que para poder verlas hay que tener las herramientas, la mente abierta y creer que es posible lograr las cosas, algo que muchas veces olvidamos o simplemente no nos han enseñado. Al regresar a mi país, lo cual hice porque la empresa con la que trabajaba me enviaba a hacer una implementación de el mismo proyecto que  había desarrollado en Australia, decidí quedarme un tiempo en mi país. La diferencia ahora era que tenía una perspectiva diferente de la vida, los negocios y mi futuro. Aparte de regresar a mi país y encontrarme con múltiples ofertas de trabajo, decidí utilizar las herramientas adquiridas en el país de los canguros para iniciar mi propia empresa. Gracias a la experiencia de vida que me brindo este país y a aprender que todo es posible de lograr, desde que se trabaje para alcanzarlo, las cosas siguen mejorando y cada día se siguen abriendo nuevas y mejores oportunidades. No ha sido fácil pero el entender que solo quien hace las cosas éticamente, con esfuerzo y trabajo logra sus sueños y objetivos en la vida, facilita el proceso.

    Solo me resta por contarles que los animales peligrosos que eran mi principal temor solo los vi en los zoológicos y muy bien encerrados, por lo cual puedo recomendar a Australia simplemente como el país de las oportunidades, y uno de los lugares más hermosos para visitar en todo el mundo, del cual solo llevo experiencias positivas y al cual espero regresar muy pronto.

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